Sobre un ejemplo de violación de la privacidad en entornos virtuales

Hace unos años fuimos testigos a través de los medios de una disputa ocurrida en la Municipalidad de Concón que debió zanjarse en los tribunales de justicia.
El año 2009 Evelyn Arias Ortega se desempeñaba como funcionaria encargada de Administración y Finanzas del mencionado municipio que en aquel entonces se encontraba bajo la conducción del Sr. Jorge Valdovinos.
Tras tomarse unos días de vacaciones Evelyn Arias retoma su trabajo encontrando la dificultad de que el acceso al computador que le había sido asignado le era negado pues la clave había sido cambiada. Más aún, terceros habían tenido acceso a sus conversaciones privadas (sostenidas con otra funcionaria municipal) a través de la red Messenger, todo lo anterior por expresa indicación del sr. Valdovinos.
Producto de esta acción de espionaje informático, la srta Evelyn Arias fue marginada de sus funciones; Valdovinos adujo que el contenido de las conversaciones investigadas era de carácter grave para la institución comunal. Ante esta situación la afectada presentó un recurso de protección contra el edil conconino.
Tras años de investigación el sr. Valdovinos fue absuelto por falta de pruebas en un proceso marcado por la irregularidad.
El caso es que esta es uno de los tantos ejemplos que muestran la falta de educación respecto del manejo de las redes sociales en entornos virtuales (el derecho a la privacidad)y la ausencia de una legislación apropiada al respecto.
Ciertamente el argumento presentado por el sr Valdovinos (siendo débil) puede ser verdadero: efectivamente cabe la posibilidad de que la encargada de Finanzas haya incurrido en diálogos que atenten contra el patrimonio municipal: sin embargo, eso no amerita la violación de la privacidad de las comunicaciones.
En estricto rigor, la srta Arias puede mantener las conversaciones que estime convenientes a través de los canales que son “personales” como lo era el caso del antiguo Messenger. Independiente del contenido…esas conversaciones no constituyen delito alguno. Aún siendo ofensivas o amenazantes…las palabras de Evelyn Arias no sientan precedente de un acto ilegítimo.
Por el contrario, proceder a violar los canales íntimos de comunicación (vulnerar espacios privados por vías de espionaje informático) no nos cabe duda que sí es un acto ilícito. Ése fue el actuar del entonces alcalde ayudado por el jefe de informática del municipio.
Curiosamente la justicia dictaminó en el sentido opuesto.
Difícil de comprender…

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Como comentario al margen, tal vez un poco “hogareño” planteamos la siguiente reflexión: el trasfondo de este tema no dice relación exclusiva con el mundo hiperconectado en el que nos encontramos. El derecho a la privacidad ha existido siempre…aún en ausencia de redes sociales, plataformas digitales y aun antes de la aparición de los propios computadores.
El conflicto de intervenir los espacios personales no sólo se verifica a nivel de empresas o municipios. Una madre ante el velador de un hijo también se pregunta cuáles son los límites de la intimidad (incluso considerando que en este caso puntual se trata de una relación supuestamente fundada en el cariño)
Por una razón difícil de comprender la privacidad se constituye en amenaza. Dada una educación donde las relaciones se articulan en base al poder, la existencia de la privacidad es conflictiva.
Esa situación llevada a un clima de conexión permanente en la red genera el foco de discusión de cuáles son los límites…en qué momento se comienzan a vulnerar los derecho de las personas por el afán de acceder a una información reservada en nuestro entorno virtual.
En definitiva, la discusión debe ser abierta: la mirada debe ser amplia. Y lo que es más importante, es fundamental distinguir aquellos aspectos que contribuyen a la sana convivencia de aquellos que generan una sociedad de control

En torno a la muerte de la privacidad

Hoy, en medio de un mundo altamente tecnologizado y donde mantenerse “conectado” pareciera ser carta de identidad, no encontramos a menudo con la dificultad de reconocer los tradicionales espacios de privacidad. ¿Significa eso que la privacidad ha muerto?
No podríamos responder a ciencia cierta tal interrogante, no obstante, podemos realizar algunas aproximaciones que aporten luces al respecto.
Básicamente plantearemos que más que muerte de la privacidad hoy asistimos a una indefinición de los límites, antaño tajantes, entre lo público y lo privado. De hecho, nos atreveríamos a señalar que esta es una de las característica definitorias de la sociedad desde la posmodernidad hasta nuestros días.
Antiguamente la privacidad era puesta en crisis por acciones externas; hoy, es muchas veces la voluntad e los propios sujetos que renuncian a la intimidad en pos de la exposición. Prueba de ello son las plataformas digitales que llamamos “redes sociales”. En ellas hacemos visible nuestras acciones más insignificantes. Lo que antes quedaba a resguardo de un álbum fotográfico familiar en el fondo de un cajón hoy se encuentra a disposición de una comunidad virtual considerablemente amplia en un portal de Facebook. Las reflexiones personales antes cobijadas en libretas o diarios de vida hoy son compartidas en blogs testimoniales. Años atrás el periodismo se encargaba de “perseguir” a los ídolos del rock o a los políticos que rondaban el poder para “arrancarles” una foto o una noticia lateral mientras que hoy son los propios protagonistas los que twittean a cada segundo dónde están, con quién, qué hacen…qué comen.
Planteamos entonces que los espacios de privacidad han cambiado su configuración.
Por otro lado, no es desconocido para nadie que el “hackeo” es una actividad propia de nuestro presente. Actividad muy desprestigiada en la conciencia masiva pese a que su vocación no es maligna en sí misma; al contrario, es -en muchos casos- un medio preciso de habitar la red y plantearse frente a los problemas de acceso.
El punto donde creemos surge el problema es en el tema del control.
Antiguamente lo privado se guardaba celosamente…su exposición era motivo de irritación. Hoy no es la exposición lo preocupante…sino el manejo de aquella privacidad para fines de control. La información personal se transforma en datos potenciales de manipulación. Allí, la privacidad entra en estado de agonía.

Curiosamente, la palabra filtraje es hoy un vocablo que hace alusión a esta fragilidad de la privacidad. Cuando ocurre una investigación por fraude al fisco, o de actos de pedofilia por parte de un religioso o un personero del gobierno…siempre se “filtran” correos que delatan…por ejemplo. Se filtran fotos íntimas, especialmente cuando un personaje ligado al gobierno o a la farándula, un futbolista famoso comete acto de infidelidad. Filtraje es la prueba de una privacidad puesta en jaque.

Años atrás, se filtró a la prensa una conversación telefónica del entonces precandidato presidencial chileno Sebastian Piñera aludiendo a su compañera de bancada, pero en ese momento contendiente en la carrera hacia la definición del candidato único de la centro derecha, Evelyn Mathey. Todo esto, mucho antes de que efectivamente Piñera llegara a la casa de gobierno, mucho antes de la explosión digital…previo a Instagram y Twitter. La discusión giró en torno a la privacidad…¿por qué tengo que responder por dichos realizados en un círculo íntimo? alegaba Piñera.
El punto olvidado fue la ética: por qué espiar telefónicamente, por qué descalificar a un compañero, por qué filtrar una conversación privada…
Intuyo que la formación ética anula el conflicto en torno a la privacidad. Naturalmente, estamos lejos de aquella realidad transparente.
Por tanto, debemos formular un cuerpo ideológico que determine en qué momento quien “averigua” se transforma en invasor.

Pensando la reforma del derecho de autor

Dentro de los puntos centrales de una nueva concepción de derechos de autor se encuentra una de las 14 iniciativas que propone Philippe Aigrain: Excepciones sólidas para la investigación y la educación.
Pues bien, nos animamos ahora a esgrimir algunos argumentos que pueden fortalecer esta idea. Apuntamos entonces:
1.- Nos planteamos desde la premisa que el conocimiento no es un bien de uso privado. Si bien cada quien desarrolla su vida de acuerdo a lo que “sabe” ésta ocurre en la interacción permanente con su entorno social. Es más aún, todo aprendizaje es resultado de una construcción social. De este modo, todo saber recogido en libros, imágenes, registros sonoros, etc bien merece incorporarse con libertad a la vida cultural, esto sin desconocer el rol del autor implicado en ello

2.- La educación es la principal riqueza de un país.  Por lo tanto, las decisiones que tome la autoridad gubernamental a este respecto son fundamentales.  Toda legislación en el ámbito educativo repercute en la “cultura país”.  La difusión del quehacer investigativo es uno de los pilares del conocimiento.  En consideración a ello nos parece importantísimo que a nivel legislativo se instauren normativas que se refieran a la expansión del saber y la profundización de los conocimientos a partir del contacto directo y legítimo (legal) con los testimonios de investigación con que cuente una nación.

3.- Cuando Philippe Aigrain habla de excepciones sólidas imaginamos que lo hace desde una conciencia clara.  La palabra excepción hace alusión a una situación que está al margen de una regularidad.  Por tanto, lo que Aigrain está proponiendo es una consideración distinta del tratamiento de los derechos autorales en el caso de los bienes relacionados con la educación y la investigación.  Quizás, esto que planteamos parezca obvio, sin embargo, creemos que se constituye como el corazón de una ética.  Las obras emanadas de la investigación y aquellas que estén destinadas al ejercicio educativo reclaman especiales consideraciones…es decir, la propuesta nace de una convicción que dice: si desarrollo esto es por el bien de todos

4.- Las obras destinadas a la educación y el resultado de las investigaciones son bienes absolutamente distintos a un tradicional artefacto de consumo.  Un bien de consumo tradicional se alza como un mecanismo para obtener beneficios de parte de quien lo genera.  En el caso de los bienes culturales, ellos están diseñados desde una finalidad que tiene una proyección mayor; nacen pensados para ser un aporte al desarrollo de una comunidad o una disciplina.  En ese sentido, nos parece absolutamente coherente que dentro de la consideración de los derechos autorales se les asigne un tratamiento diferenciado.

5.- Las investigaciones son exploraciones desarrolladas por profesionales de una determinada área que entregan un aporte a una disciplina del saber.  Los nuevos datos, las nuevas ideas, la información desconocida hasta ese momento es heredera de de una tradición de aprendizaje e investigaciones previas.  En ese sentido, contrae una deuda y un compromiso tácito con el saber.  Lo nuevo es expansión.  Proponiendo una metáfora “absurda” debiéramos decir que cada nueva cosa contiene en sí misma el aporte de otras desarrolladas anteriormente…Así, se podrían exigir pagos por cada una de las antiguas  vertientes de donde provienen las ideas desarrolladas en la investigación.

6.- Podemos recordar que dentro de la declaración universal de los Derechos Humanos encontramos el artículo 27 donde dice:

Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”

Por tanto, el acceso a los bienes culturales forma parte de un texto que si bien es meramente declarativo tiene una validez social reconocida unánimemente.

7.- Si pensamos en las excepciones relativas al derecho de autor vinculadas a la educación y la investigación nos parece fundamental que se considere el resguardo de ciertas atribuciones sin que ello impida el libre acceso.

No solo nos parece bueno sino además absolutamente fundamental que en el campo educativo se respete el derecho de “paternidad” de la obra cuando se realicen citas u otra utilización similar de los materiales.  Ahora bien, eso no necesariamente debe significar un obstáculo para el trabajo con esas obras.  De hecho, citar la fuente es una de las prácticas reconocidas como hábito dentro de la comunidad científica.

Obviamente, estos son apenas unos apuntes que intentan fortalecer la idea de que, tal como plantea Philippe Aigrain debiera considerarse excepciones para la educación y la investigación cuando hablamos de derecho de autor.