Apropiación de datos

Me declaro absolutamente encandilado por el poder que encierra la “conexión”: hablo de internet y sus múltiples funciones y aplicaciones.
La red…un sinfín de plataformas, contactos, datos, enlaces, información…un magma de conocimiento y -más aún- de vías para profundizarlo…ventanas abiertas a la exploración de nuestras propias capacidades.
Sin embargo, milito con cautela en las filas de la red. Me mantengo en un rol de observador; me limito a participar del intercambio virtual en contextos específicos…ante requerimientos precisos. En concreto, no tengo cuenta facebook, tampoco twitter ni Instagram. Por nombrar las más divulgadas. No dispongo de una página web donde exponer mi trabajo. Youtube es para mí una fuente de acceso a música y filmes de interés acotado. En alguna medida, soy un marginal en el ciberespacio. De hecho, este blog cumple un rol particular en el contexto de mis reflexiones a propósito de estudios (cursos virtuales) en los cuales he participado y participo.  Mi cuenta de correo es prácticamente mi único bien virtual.
A riesgo de parecer “ridículo” y casi “prehistórico” señalo que mi teléfono celular no cuenta con conexión a Internet.
Insisto en que el mundo de la web me resulta profundamente atractivo y tengo, respecto de las posibilidades de conocimiento y comunicación que ofrece, la mejor de las opiniones.
Desde esta admirada distancia observo críticamente el “desparramo de datos” que estar conectado en abundancia implica. La necesidad de “abrir cuenta” o registrarse para prácticamente cada paso que queremos dar online me resulta sospechoso. La “invasión” de autorizaciones solicitadas por distintas aplicaciones para mejorar los servicios de determinadas plataformas previa entrega de datos personales me genera inquietud.
El tráfico de datos limita con la invasión a la privacidad y hasta en algunos casos, con el espionaje.
Ciertamente, soy un individuo absolutamente común: no represento peligro para ningún gobierno ni a autoridad alguna; no soy fanático religioso ni desadaptado social. Por supuesto que tengo mis ideas, muchas veces radicales, a veces ingenuas. Lo que pretendo señalar es que mis datos no representan importancia ninguna como para ser objetos de análisis ni estudio de nadie.
Incluso mi relación con el consumo de bienes es mezquina…soy un mal cliente: no poseo tarjeta de crédito ni de supermercado ni de grandes tiendas, tampoco cuenta corriente en algún banco.
Imagino que con el ánimo de desarrollar un “universo web” más inteligente y personalizado se generan en la red nubes donde se registran nuestros pasos, nuestros datos y hasta nuestras recurrencias, nuestras preferencias musicales, nuestras páginas más visitadas, etc. Con buena fe, aplaudo la idea. Sin embargo, no puedo dejar de dudar respecto del manejo limpio de este flujo de información. La sociedad de control ha existido siempre. Y si bien internet es un espacio dispuesto para ampliar nuestras libertades perfectamente puede prestarse para acentuar los mecanismos de control.
Pareciera ser que al insertarse en el tráfico comunicativo de la web quedamos expuestos…cada vez más expuestos al ojo público. Antiguamente ese ojo era el del vecino que desde su segundo piso divisaba nuestro patio. Hoy, ese vecino ya no necesita asomarse a su ventanal: hoy es un ser físicamente más lejano y con acceso a otras formas de nuestra identidad. Tal vez no tenga nada de malo; sin embargo, me gustaría guardarme el derecho de decidir.

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